La artrosis es una enfermedad degenerativa de las articulaciones, que se caracteriza por el deterioro progresivo de la articulación y la pérdida del cartílago que es el “amortiguador” y el “engranaje”. Con el tiempo, el cartílago se va desgastando gradualmente, pudiendo causar cambios estructurales visibles en las radiografías, y a medidas que va pasando el tiempo, puede ocasionar síntomas como dolor, limitación del movimiento, deformidad y pérdida del funcionamiento de la articulación afectada.

Las causas de la artrosis son multifactoriales, genética, etnia, envejecimiento, densidad del hueso, carga de la articulación afectada, malalineamiento de las extremidades y obesidad. También hay artrosis secundarias a trauma (fracturas), enfermedades inflamatorias sistémicas (como artritis reumatoidea) e infecciones.

En el caso de la artrosis de codo, cuando se desarrolla antes de los 40 años, en general, es debido a fracturas, pero también la desarrollan personas con labores manuales que usan cargas pesadas e intensas.

Cuando la enfermedad está en sus estados más iniciales, es asintomática. Los síntomas se van manifestando a medida que avanza la enfermedad y estos consisten en dolor y disminución progresiva de la movilidad. Se pueden agregar crujidos, sensación de “bloqueo” al mover la articulación e inflamación.

El diagnóstico se realiza en base a la historia del paciente, en que son importantes lesiones previas, actividades que causen “estrés” repetitivo de la articulación, la sintomatología, y un examen físico en que se ven los rangos de movimientos del codo, en que rangos se desencadena el dolor, y presencia de síntomas asociados como hormigueo de la extremidad y dolor en otras articulaciones, entre otros.

Para el estudio inicial, se solicita una radiografía que muestra los cambios de la articulación. En algunos casos, se indica realizar una tomografía axial computada (TAC) o una resonancia magnética, sobre todo en el caso que sea necesario operar.

El tratamiento de la artrosis de codo es conservador, y consta de reposo, antiinflamatorios, cambios en las actividades de la vida diaria, hielo local, etc.
Se puede indicar fisio y kinesioterapia y según la evaluación médica, infiltraciones con corticoides.

El tratamiento quirúrgico se indica cuando el tratamiento médico conservador no ha tenido buenos resultados, para aliviar el dolor y la discapacidad que genera la artrosis.
Este tiene que evaluarse según el estudio preoperatorio con un TAC, y puede ser artroscópico, abierto o llegar a una prótesis total de codo según sea el caso. Esta última se reserva sólo para pacientes mayores sin grandes demandas físicas.