La epicondilits lateral o “codo de tenista”, es una tendinopatía por sobreuso de los músculos extensores de la muñeca (principalmente el músculo llamado extensor carpi radialis brevis) y su consecuente alteración en su inserción proximal en el epicóndilo lateral (que es una prominencia ósea del extremo distal del húmero en la cara externa del codo).

Hay que tener claro que esta es una enfermedad degenerativa que se desencadena por una sobrecarga de los músculos en la zona mencionada, es decir, es de larga evolución hasta que se manifiestan los síntomas.

Esto se produce en actividades deportivas, como el tenis principalmente, actividades laborales, como carpintería, jardinería, construcción, etc., y también en otras actividades que involucran trabajo manual, como tecleo constante, tocar el piano, etc. Es además muy frecuente en dueñas de casa.

Afecta a la población general entre el 1-3%, siendo más frecuente entre los 30-50 años, y más en hombres.
En relación al tenis, se sabe que aproximadamente un 50% de los jugadores va a tener alguna vez la enfermedad.

Manifestaciones clínicas.

Los síntomas se desarrollan generalmente en forma gradual, el dolor comienza siendo leve y empeora a lo largo de semanas o meses. Usualmente no hay una lesión específica asociada con el inicio de los síntomas.

Los pacientes se quejan de dolor alrededor de la prominencia ósea del epicóndilo lateral, que se irradia en la mayoría de los casos, hacia el antebrazo por los músculos extensores y a veces, hacia arriba por el brazo.

El dolor se desencadena o exacerba por las actividades diarias, y dependiendo de la intensidad, las puede afectar, con debilidad al tomar los objetos e incluso dolor al dar la mano con el codo extendido. Puede haber además, dolor nocturno que interfiere con el sueño.

Diagnóstico.

El diagnóstico es eminentemente clínico, basado en la historia y en el examen médico.
Se pueden solicitar exámenes complementarios principalmente para los casos que no responden al tratamiento habitual, con condiciones que perpetúan los síntomas, y para hacer el diagnóstico diferencial con otras patologías.

Dentro del estudio inicial, se solicitan una radiografía, que en la mayoría de los casos va a estar normal, pero puede mostrar calcificaciones en un estado avanzado de la enfermedad y descartar artrosis, y una ecografía, que va a mostrar el estado del tendón, como el engrosamiento o la presencia de microroturas, pero debe ser tomada por un ecografista experto ya que es operador dependiente.

Se pueden solicitar también una Resonancia nuclear magnética, una tomografía computada, exámenes de sangre o una electromiografía, todo esto para el diagnóstico diferencial, descartar artritis, lesiones ligamentarias, atrapamientos nerviosos, etc.

Tratamiento.

El tratamiento es principalmente médico (no quirúrgico) mostrando mejoría en habitualmente 85-95% de los casos, que siendo precoz, permite volver a las actividades normales sin restricción. Hay que tener en cuenta, que la epicondilitis suele desaparecer entre los 12-18 meses de evolución de la enfermedad en forma espontánea, sin hacer ningún tipo de tratamiento.

Este consiste en medidas para aliviar el dolor e inflamación.
Se indica el uso de un brace (brazalete) durante las actividades para el alivio del dolor.

Además se puede indicar fisio y kinesiterapia, con ejercicios de elongación y fortalecimiento para favorecer la mejoría de los tejidos y de la circulación.

Pero nada de esto funcionará si no se realiza el apropiado reposo, es decir, identificar y suspender la actividad repetitiva que está provocando esta enfermedad, modificando las actividades de la vida diaria o rutina del trabajo que se lleven a cabo, no siendo necesario el reposo absoluto.
Según la evolución de los síntomas, la respuesta al tratamiento y la evaluación médica, se pueden aplicar otros tipos de tratamiento, como infiltraciones, de corticoides o plaquetas, ondas de choque, etc.

El tratamiento quirúrgico se reserva para aquellos casos que no responden a tratamiento médico conservador, esto es al menos 6 meses de tratamiento bien llevado consistente en las medidas mencionadas anteriormente, y con alteraciones estructurales en los exámenes.